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con prisas y a lo loco: viaje a cualquier parte
prisas - reloj

En el año 2007, el psicólogo Richard Wiseman replicó un curioso experimento sobre la prisa en diferentes ciudades del mundo. Midió el tiempo que tardaban los peatones en cruzar un área despejada del centro urbano, y descubrió que la velocidad de las personas se había incrementado un 10% en los diecisiete años que habían pasado respecto a la anterior medición.

Desde entonces no se han vuelto a repetir las mediciones, pero si la aceleración de la vida diaria era ya apreciable entonces, con el florecimiento de las soluciones de comunicación instantánea y el uso cotidiano de todo tipo de aplicaciones basadas en Internet, o la mejora de la movilidad urbana, es muy posible que el panorama sea aún más frenético. Paradójicamente, parece que la posibilidad de acceso instantáneo a todo tipo de actividades o personas nos genera más prisa todavía.

También se han popularizado mensajes y lemas destinados a recordarte que aproveches tu tiempo, cualquier resquicio, que no se pierda nada. Aunque “carpe diem” no signifique “corre como si no hubiera mañana”, se nos bombardea a jornada completa con urgentes llamadas a hacerlo todo ya, que después nunca se sabe cuándo vas a envejecer de golpe. Los padres apuntan a sus hijos a extensas agendas de extraescolares, o los estimulan desde los dos años para que aprendan inglés y música, que parece ser que después el cerebro se estropea y ya no se pueden consolidar conocimientos. Los jóvenes han de tener un currículum que incluye estancias en el extranjero, alguna carrera y algún máster y experiencia laboral antes de los 25, que la treintena es demasiado tarde … y así un largo etcétera de urgencias absurdas.

prisa - tráficoFrustración y malestar

No son pocas las personas que acuden a terapia con la idea de liquidarla en unas pocas sesiones, o que demandan resultados inmediatos, azuzados por la prisa de quitarse el malestar que sienten lo más rápido posible. Si hay algo que los humanos modernos no podemos aceptar es el malestar o la frustración de encontrarnos en un estado de ánimo desagradable. Da igual que nos haya dejado la pareja, o hayamos perdido el empleo; queremos estar bien en un par de días como mucho. Hay incluso quien se etiqueta de débil si no lo consigue. Si bien los procesos terapéuticos se han acortado visiblemente con intervenciones más eficaces, lo que no hacemos los psicólogos es magia. Perder a un ser querido es un hecho vital que necesitamos asimilar desde la tristeza de atravesar un duelo, y aun así la pregunta más frecuente en sesión es cuánto va a durar.

Esto no es más que un reflejo de lo que experimentamos en otros ámbitos de la vida. La velocidad a la que consumimos productos o relaciones es alarmantemente elevada; el deseo por lograr resultados en el menor tiempo posible nos puede conducir a asumir procedimientos o cargas de trabajo desmesuradas que pongan nuestra salud en riesgo. Lo peor es que, aunque nos esforcemos en conseguirlo y lo logremos, la sensación de que llegamos tarde a la siguiente tarea no desaparece.

La alergia a los procesos largos

El caso es que muchos logros duraderos en la vida requieren plantearse objetivos a largo plazo; convertirse en un experto en cualquier campo artístico, tecnológico o científico, por ejemplo, requiere años de dedicación y experiencia, aunque hoy en día te puedes encontrar montones de atajos de dudosa calidad. Muchos estudiantes sufren porque aún les falta un mundo para llegar a dominar su disciplina, en vez de centrarse en la propia travesía hasta alcanzar el nivel deseado. De hecho, no es raro que estén pensando ya en qué máster cursarán después.

Personas que se apuntan al gimnasio para mejorar su estado de forma y que abandonan tras una semana sin ver resultados que requieren varios meses de esfuerzo sostenido. Mágicos cursillos donde hablas un idioma exótico como los nativos en tres meses, o angustias desbordadas porque solo hace un mes que buscas empleo y aún no te han cogido en ninguna parte. Da igual que sea agosto o Navidad y que las empresas no hayan cerrado presupuestos. Y cuando por fin el ansiado puesto de trabajo aparece, el sufrimiento continúa al no tener las tareas por la mano desde el primer día. Muchos de nosotros no nos damos ni siquiera el margen mínimo exigible para alcanzar el dominio de cualquier competencia, el tiempo de aprendizaje necesario; la paciencia no parece un valor en alza, precisamente.

prisa - personas caminandoArrollar a otros

La prisa por llegar a obtener el resultado deseado nos puede llevar muy lejos en otros aspectos más personales. La impaciencia por saber si alguien está interesado o disponible para nosotros nos puede conducir fácilmente a avasallarle a través de mensajes sin fin; se trata de eliminar la desagradable sensación de incertidumbre lo antes posible. Pasamos por alto que nadie está disponible permanentemente para nosotros, o que la comunicación por mensajes online es asíncrona, y exigimos que nos contesten a los pocos minutos.

No solo no respetamos nuestros propios tiempos, sino que podemos llevarnos por delante los de los demás. Cualquiera que haya usado Tinder u otras aplicaciones de citas online lo ha podido comprobar en sus carnes. Cuesta asimilar que las prioridades de las demás personas no son las mías, y que adaptarme al ritmo de sus posibilidades también es una opción, además de pasarle por encima con mis demandas.

Dejar de ir con prisas

Todos estos patrones de comportamiento donde predomina la búsqueda instantánea de resultados deseados, por muy distorsionados y poco realistas que parezcan, corresponden con el mensaje impulsor “date prisa”; la creencia de que se es más eficiente cuanto antes se consiga un objetivo, la baja autorregulación emocional ante la frustración y las emociones desagradables y el aplazamiento de la satisfacción de los deseos sostienen este tipo de mensajes. Cuando se consigue trabajar adecuadamente la tolerancia al malestar y la paciencia, interrumpiendo actitudes invasivas, dosificando el esfuerzo y aprendiendo planificaciones factibles, no solo se reduce el malestar, sino que muchas personas descubren que, sorprendentemente, se consigue aquello que se plantea de forma menos forzada, menos conflictiva y se obtienen resultados más duraderos.

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