La Psicología Humanista es un movimiento que aparece en los años 60 del siglo XX en respuesta a los modelos terapéuticos de entonces: el conductista por su rigidez y el psicoanálisis por su énfasis en la patología de tipo más bien pesimista. Esta “tercera fuerza” reunirá los aportes valiosos de las otras dos e introducirá en la práctica terapéutica conceptos como el crecimiento, la creatividad, el amor, la afectividad o a autorrealización. Es un movimiento bastante heterogéneo y abierto, por lo que existen diversas escuelas terapéuticas englobadas en él, pero que sin embargo comparten algunos principios básicos comunes, procedentes de las ideas filosóficas y psicológicas de figuras como Abraham Maslow, Carl Rogers, Erich Fromm, Eric Berne y muchos otros. Estos principios serían:

  • El valor de la experiencia percibida, en sus diferentes planos: cognitivo, emocional, somático y conductual. Es decir, lo que pensamos, lo que sentimos, lo que percibimos y lo que hacemos. Todos están interrelacionados, son de igual importancia y se influyen mutuamente, por lo que no tiene sentido aislarlos por separado.
  • El hombre es así un todo global, más allá de la simple suma de sus partes, el que mente y cuerpo interactúan de forma conjunta y relacionada.
  • Dejar de pensar en términos de paciente-enfermo. Los problemas psicológicos son dificultades para actualizar o realizar nuestro potencial de crecimiento.
  • Centrarse en el estudio de la persona sana, más que en mecanismos clásicos como neurosis o psicosis. El hombre tiende a buscar un estado mental sano de equilibrio, plenitud y realización personal.

Dentro de este marco general, los enfoques que consideramos más importantes y que forman la base de las técnicas terapéuticas que empleamos, son los siguientes

Terapia Centrada en la Persona

Desarrollada por Carl Rogers durante su carrera como psicoterapeuta, es la base fundamental sobre la que se construye la relación cliente-terapeuta. Para Rogers es imprescindible que el psicólogo clínico se haya formado en las actitudes adecuadas para empatizar con el cliente, comprendiendo su visión del mundo, aceptar a la persona tal cual es, por encima de nuestros propios principios morales y éticos y mostrarle autenticidad, para que pueda ver por sí mismo que esta actitud es real y no forzada. Hoy en día todas las escuelas psicológicas reconocen la importancia de establecer un buen vínculo terapéutico para progresar en los tratamientos, aunque la particularidad de la propuesta de Rogers consiste en concebir la relación como de igual a igual.

Análisis Transaccional

Se trata de una teoría de la persona y las relaciones humanas elaborada por Eric Berne, médico psiquiatra canadiense. El Análisis Transaccional se basa en una estructura del Yo en tres partes; Padre, Adulto y Niño, que son observables en las conductas, pensamientos y sentimientos de la persona y que utilizamos en nuestra comunicación con los demás. Analizando desde dónde nos comunicamos y para qué, se puede llegar a una mejor comprensión de uno mismo y de cómo actúa con el mundo que le rodea. Se trata de una herramienta muy potente, ya que además de resultar práctica y aplicable en psicoterapia, sus conceptos básicos son muy accesibles y fáciles de comprender, conectando entre sí pensamientos, emociones y comportamientos. Se basa en la visión positiva de la persona típica del humanismo: decía Berne que “todos nacemos príncipes y princesas“, y en nuestra relación con los demás a veces tomamos decisiones que “nos convierten en ranas” -. Sin embargo, todos poseemos los recursos necesarios para cambiar y alcanzar una mayor autonomía, meta fundamental del Análisis Transaccional.

Terapia Gestalt

La Terapia Gestalt concibe a la persona como un todo a la hora de actuar en su ambiente: los seres humanos nos “damos cuenta“, somos conscientes de la experiencia en el momento en que tiene lugar y le damos significado, poniendo en primer plano nuestras necesidades principales (figura) resaltadas sobre el fondo. Cuando la necesidad ha sido satisfecha, pasa al fondo y una nueva se coloca en su lugar. Este ciclo no tiene final; la autorregulación es la tendencia natural de las personas, por lo que ante situaciones de desequilibrio – necesidades mal cubiertas – buscamos cerrarlas satisfaciéndolas. Si el desequilibrio se prolonga, aparecen los problemas psicológicos. La terapia Gestalt trabaja para que la persona averigüe qué necesidad hay detrás de un desequilibrio, qué está impidiendo que se cierre y de qué forma completar este ciclo de experiencia para avanzar en su autorrealización.