Una de las mayores preocupaciones de los padres al empezar el nuevo año escolar es cómo emplear el tiempo de sus hijos más allá del horario de las clases, las famosas actividades extraescolares. En muchos casos, este planteamiento se genera a partir de dos motivaciones principales: ofrecer un espacio de desarrollo y entretenimiento por un lado y por el otro responder a la necesidad de conciliar horarios laborales de los padres con el tiempo libre de sus hijos.

Muchas dudas pueden surgir a partir de estas necesidades y motivaciones y que suelen estar relacionadas con el tipo de actividad extraescolar a elegir, en qué medida implicar al niño en la elección de las mismas, cuánto tiempo dedicarles, qué presupuesto familiar dedicar a ellas o cómo organizar la logística para que el niño pueda asistir a ellas.

A la hora de elegir entre la cantidad de opciones disponibles, es fundamental  tener en cuenta que la participación en actividades extraescolares puede tener unos beneficios destacables e imprescindibles para el desarrollo de nuestros hijos: constituyen una oportunidad excelente para potenciar capacidades relacionales, aprender a manejar varios tipos de situaciones con autonomía, descubrir intereses y pasiones, mejorar el rendimiento escolar y aprender a estructurar el propio tiempo libre.

Al mismo tiempo cabe recordar que a pesar de las ventajas que pueden tener todas estas actividades, algunos expertos adviertien de los riesgos que pueden conllevar al no valorar debidamente y de forma continuada la cantidad y calidad de las mismas.

activiades extraescolares - AjedrezPor otro lado, todos sabemos que el abanico de actividades extraescolares disponible es cada vez más amplio y hace que en muchos casos la elección entre una o más de ellas se haga complicada. Antes de considerar las características propias de las que capturan nuestro interés, es recomendable plantearnos una cuestión: ¿estamos considerando una actividad determinada porque realmente nuestro hijo la necesita o le interesa o porque simplemente responde a una necesidad de ocupar su tiempo mientras nosotros desempeñamos otras tareas o estamos trabajando? Es importante prestar la máxima atención a este tema para evitar poner expectativas inadecuadas sobre una actividad determinada: si asistir a ella sólo responde a las necesidades logísticas de la familia y no al real interés o necesidad del niño o del joven, lo más probable es que vaya directa hacia el fracaso y además sea causa de un malestar posiblemente evitable.

Otro tema importante es la cantidad de tiempo dedicada a ellas. Según un estudio de Jennifer Fredricks, Directora Asociada de Desarrollo Humano del Connecticut College, se pueden observar efectos positivos en el rendimiento escolar si no se superan las 13 horas de actividad extra a la semana, mientras a partir de las 17 horas habría un significativo descenso de las calificaciones y del bienestar general. A partir de este dato, que no deja de ser una estadística, queremos remarcar que un exceso de actividades, añadido a la carga del programa escolar, puede ser perjudicial y llevar nuestros hijos a experimentar vivencias de estrés e inquietud, y en los casos más graves a la depresión y al deterioro de las relaciones sociales.

Tipos de actividades extraescolares

A la variedad de opciones disponibles corresponde una variedad de oportunidades de aprendizajes y de desarrollo de habilidades que caracterizan cada una de ellas y que pueden considerarse a la hora de elegir cuál es la más adecuada o la que mejor responda a las necesidades del niño.

Deporte

Se estima que alrededor de un 70% de los alumnos de primaria y secundaria practican algún tipo de deporte fuera del horario escolar. Fútbol, natación, basket, artes marciales y baile son sólo algunas de las actividades deportivas más solicitadas por mayores y menores, pero la cantidad de actividades deportivas es realmente alta. Cada una tiene unas características peculiares y requerimientos en cuanto a nivel de competitividad, esfuerzo físico y dinamicidad entre otras que nos pueden ayudar a valorar en qué medida se adapta al temperamento y necesidades de nuestro hijo.

Más en general, la práctica de una actividad deportiva es una actividad saludable y generadora de un bienestar general en la persona, desarrollando las siguientes funciones:

  • Función lúdica: más allá de una actividad física, el deporte facilita numerosas oportunidades para socializar y disfrutar; es importante remarcar que a pesar de requerir esfuerzo y concentración, no hay que olvidar que en la mayoría de los casos se trata de una forma de juego que nos puede aportar momentos felices, amistades y muchas satisfacciones.
  • Función equilibradora a nivel psicofísico: el ejercicio físico ayuda a compensar y activar el cuerpo frente a las muchas horas que los niños pasan sentados en clase y evitar consecuencias debidas al cargo de las mochilas pesadas; por otro lado, es una forma excelente de aprender a canalizar energías de manera disciplinada dando la posibilidad de expresar las propias emociones y carácter tanto a los niños más tímidos como a los más vivaces.
  • Función educativa: el deporte se aprende y del deporte se aprende; se aprende a compartir, competir, convivir, ser leales, tener espíritu de equipo, constancia, respeto de las normas, tolerancia a la frustración solo para citar algunas de las habilidades que se pueden adquirir y desarrollar a través del deporte y podrán aplicar a la vida diaria.

Actividades académicas

En ocasiones la inquietud de los padres por asegurar las mayores oportunidades para el futuro de los hijos les lleva a optar por actividades de tipo académico (idiomas, informática, escritura, etc.). Es importante que en este caso no se exija el mismo rendimiento que se exige para los deberes asignados para casa por los maestros: tened siempre en cuenta de que se trata de una actividad extra y que en la medida de lo posible tiene que ser ante todo una oportunidad para ampliar conocimiento y habilidades de forma amena. De esta manera, la percepción de la carga de trabajo que aporta este tipo de actividad añadida se hará más llevadera y su realización más agradable.

Artísticas

Poder decir que el propio hijo pertenece a una coral, que recibió aplausos en el ensayo de teatro o que sabe tocar a la perfección una parte de Per Elisa con el piano es ciertamente motivo de orgullo para cualquier padre.

Todas las actividades relacionadas con el arte constituyen el terreno ideal para que el que el niño pueda expresar la propiaactividades extraescolares - arte personalidad y emociones a través de canales como el dibujo y la pintura, la propia voz y cuerpo o simplemente tocando un instrumento.

Más allá de esto, esto tipo de actividades se caracterizan principalmente por la capacidad que tienen de dar espacio a la creatividad y no sólo eso: favorecen el desarrollo del pensamiento abstracto y de habilidades sociales y comunicativas, así como alimentan la autoestima, el aprender a concentrarse y relajarse, a reconocer y controlar los propios estados de ánimo.

Asímismo, hay que prestar atención al proponer esto tipo de actividades y valorar, como siempre, si responden más a un interés real del niño o a un deseo o anhelo de los padres para no acabar forzando al niño a empeñarse en una actividad que de esta manera difícilmente resultará  ser fuente de placer.

Criterios para elegirlas

Los aspectos a tener en cuenta a la hora de organizar la agenda de nuestros hijos y cuadrarla con la agenda familiar son varios. Además, cada niño y familia tienen sus necesidades particulares y es imposible dar una receta mágica para estructurar de forma óptima el tiempo de cada una.

En este apartado nos limitaremos a indicar algunos criterios que consideramos útiles para el proceso de toma de decisión sobre la construcción de la agenda, con la recomendación de que cada uno pueda establecer su escala de prioridades en su caso particular:

  • Presupuesto: es importante determinar la cantidad de recursos que la familia puede dedicar a las actividades, valorando cuáles son las que realmente son alcanzables y haciendo que no tengan repercusiones importantes en la economía familiar;
  • Carga: asegurar que el niño pueda tener un espacio para hacer las tareas asignadas para casa, un tiempo para sí, para poder descansar, para jugar, y que pueda respetar unos horarios regulares y saludables;
  • Logística: hay que considerar la factibilidad de desplazamiento y compatibilidad de horarios con las personas que se encargan de los niños, que sean padres, abuelos, vecinos o amigos; es cierto que para facilitar esta tarea, muchos centros escolares organizan ellos mismos actividades, pero no siempre disponen de esta posibilidad;
  • Preferencias: cada niño tiene unas características únicas, unas inquietudes e intereses que pueden cambiar a lo largo del tiempo; es recomendable interesarse y preguntar por ellas para que pueda empeñarse en actividades con las que se sienta comprometido y con las que pueda; si no lo tiene claro, una buena opción es darle la posibilidad de asistir a alguna clase de prueba o darle un tiempo para que decida;
  • Seguimiento: tenemos que estar al corriente en todo momento de cómo evoluciona nuestro hijo en las actividades preguntando a monitores, maestros y directamente a ellos mismos; esto nos permite detectar indicadores de estrés y cansancio y así intervenir a tiempo para que no hayan más repercusiones en su bienestar.

Aprender a aburrirse

Para concluir, creemos sea importante en este contexto dar un espacio a la otra cara de la agenda de nuestros hijos, la de los “huecos”. ¿Qué pasa en el tiempo libre de verdad? ¿Se dedicará a destruir la casa? ¿Se pondrá en peligro?

Es cierto que en estos momentos la presencia y supervisión de los padres puede hacerse más imprescindible, pero sin embargo muchos expertos están de acuerdo en que es necesario que los niños dispongan de un espacio en el que puedan aburrirse, es decir pararse y preguntarse a qué dedicarse. Esto permite desarrollar habilidades como la imaginación y la creatividad. Un espacio libre en las agendas tan apretadas son un potencial espacio donde alimentar y cultivar la capacidad de nuestros hijos de innovar, inventar, explorar actividades alternativas, buscar soluciones, reflexionar sobre sus propios intereses y pasiones, compartir experiencias originales y auténticas acompañados por los propios padres y amigos.

Y sobre todo, recordad, ¡aburrirse es una da las mejores maneras para recargar las pilas!