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LA FALACIA DE VIVIR EL PRESENTE
vivir el presente

Es un mantra prácticamente ubicuo hoy en día: hay que vivir el presente, carpe diem, vive cada día como si fuera el último. Prohibido permanecer anclado en el pasado, un pecado imperdonable, muestra de debilidad, de apalancamiento y de quedarse atrás en un mundo frenético. ¿El futuro? No existe, no está escrito. No hagas planes, para qué.

Hay ciertos principios y técnicas de algunas escuelas terapéuticas que, si bien están pensadas para otros propósitos, han sido distorsionadas por exageración hasta convertirlas en una peligrosa caricatura que nada tiene que ver con su intención original, y que en las manos equivocadas puede fomentar esta idea de que solo hay que vivir el presente. Por ejemplo, la insistencia gestáltica en el aquí y el ahora, que trata de recentrar a la persona en lo que piensa y siente en ese momento, evitando huidas a fantasías o confusiones con experiencias anteriores o imaginadas, se puede tomar como una santificación del presente.

Es importante estar atento a lo que se observa y se percibe en el momento presente, ya que es el único escenario “real” sobre el que podemos actuar, pero esto no significa que el pasado y el futuro, siendo como son fantasías, no tengan una utilidad importante. Cada vez es más frecuente ver por la consulta a personas que llegan sin rumbo claro en la vida, sin una idea de para dónde encauzar su camino, sin una historia que contar sobre sí mismos; indecisos, sin herramientas para solucionar problemas que el azar les pone delante, sin preferencias ni una visión más allá del día en curso, inapetentes y aburridos, atascados en una repetición eterna. Un reflejo de lo que puede llegar a suponer seguir unos pasos preestablecidos sin mayor reflexión, o dejarse llevar del todo por la corriente.

¿QUIÉN SOY?

vivir el presente - pasadoEl pasado no es simplemente un conjunto de recuerdos o memorias que vamos fijando según vivimos experiencias: es un relato que construimos a lo largo del tiempo, y que vamos modificando al gusto a medida que suceden nuevos acontecimientos y aprendizajes. Hoy en día se sabe que la memoria es falible, que inducir falsos recuerdos es relativamente sencillo (Loftus, 2005) y que los mecanismos del olvido borran aquellas vivencias poco significativas, negativas o desagradables si no son emocionalmente muy impactantes. Nuestro pasado no es una historia fija, sino que la vamos reinterpretando y modificando cada vez que accedemos a él. Por tanto, responde en cada momento a la pregunta sobre quiénes somos y de dónde venimos, tal como lo entendemos como resultado de los cambios sufridos. Nuestro pasado es una crónica reescrita miles de veces con la función de recordarnos qué hemos asimilado, qué forma parte de nosotros, qué es importante de aquello que creemos que nos ha ocurrido. Una persona sin pasado que considere destacable no dispone de una historia reseñable que contar sobre sí misma, no tiene orientación ni guía sobre cómo se comporta en situaciones diversas, qué le ha movido hasta la fecha y cuáles son sus preferencias vitales.

Revisitar el pasado no solo sirve para torturarse con los errores supuestos o reales, o para perder el tiempo soñando con una especie de camino alternativo donde modificamos situaciones – con lo que sabemos hoy, claro – y todo sale bien, ni necesariamente nos atormenta cuando aflora al presente: de hecho, influye en muchas de las predicciones que hacemos. El pasado se engarza de forma natural con el presente y se filtra en forma de creencias, opiniones y valores morales; solo es preocupante cuando causa daño o malestar a la hora de valorar presente y futuro.

El pasado es la herramienta que usamos para procesar aquello que percibimos cuando atendemos a eso de vivir el presente. Una mala asimilación o un déficit de pasado pueden ser aspectos tan limitadores como un suceso traumático a la hora de paralizar a una persona cuando piensa en su presente o se proyecta hacia el futuro, puesto que le van a faltar recursos para analizar muchas situaciones. La frase típica de este tipo de casos es “no sé”.

EL PROPÓSITO DE MI VIDA

vivir el presente - futuroLos fans de pasarse la existencia en el presente también nos advierten contra el futuro. No está escrito, no existe y es una fantasía. No puedes hacer planes porque después viene la vida y te los destroza en un instante, así que para qué tomarse la molestia. En última instancia nos espera a todos la muerte, por lo que parece absurdo preocuparse por lo que venga.

Puesto así, parecen argumentos incontestables e indiscutibles, pero una visión más de cerca nos podría llevar a la conclusión de que estamos ante una posición nihilista y profundamente evitativa. Es evidente que el futuro es una invención propia, ya que no es más que una especulación; predicciones que hacemos de escenarios posibles en base a lo que sabemos de experiencias pasadas. Denostarlo porque se trata de una fantasía es un error común: las fantasías son una herramienta poderosa en manos de los seres humanos – y una cualidad que nos diferencia del resto de animales -. Imaginar, proyectarnos hacia adelante en un tiempo venidero es la base de la ilusión. Tener algo a lo que aferrarse, un proyecto, una motivación … algo que le dé sentido a nuestras vidas, ya que solo nosotros podemos hacerlo.

Es ficticia, claro, pero es una brújula que nos indica una dirección. Aunque sea frágil y se pueda romper, la hemos elegido nosotros; lo que hay detrás de la negativa a tomar los mandos suele ser el miedo a fracasar, a que tengamos que renunciar a esos planes y hacer otros, a aceptar que no siempre nos saldremos con la nuestra, en definitiva, a la pérdida. Son situaciones donde aparece malestar emocional, y por eso es frecuente que aparezca cierta tendencia a evitarlas. Una manera de no hacernos responsables de nuestras vidas es negar toda utilidad al futuro.

Sin embargo, es una estrategia que se paga cara. Abstenerse de esperanzarse, de motivarse con un futuro donde hay cosas que deseamos y de las que carecemos hoy, implica también renunciar a dejar que el presente te ilusione – pues la motivación la tomamos de aquello que sucede fuera de nosotros -. Ir por la vida sin futuro está relacionado con un disfrute superficial del presente – y por tanto, cuestiona el concepto mismo de vivir el presente -, ya que nada logra inspirarme lo suficiente como para profundizar por esa vía. Las personas sin futuro entran fácilmente en un estado apático, son incapaces de imaginarse en otras situaciones, edades, con otras personas u ocupaciones, logros o satisfacciones por venir.

Por tanto, por importante que sea el presente y por fantasiosos que nos parezcan el pasado o el futuro, un ser humano sano mentalmente necesita de estos tres tiempos para ayudarse en su camino por la vida: carecer de un propósito o ignorar quién eres nos coloca en una posición parecida a los comedores de loto de la Odisea, condenados a olvidar y sin ningún sitio al que querer ir, en un eterno vivir el presente sin propósito.

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