¿CUÁNTO NOS CUESTA HACER AMIGOS?
hacer amigos

Quizá el miedo a la soledad, a verse apartado de nuestros semejantes y quedarnos marginados del grupo humano sea uno de los miedos más aterradores y comunes de las personas, por lo que, en correspondencia, un tema recurrente en terapia es la necesidad de hacer amigos. Cada vez más personas pasan por consulta preocupadas por una sensación mayor de aislamiento en su día a día, que suele dedicar a largas jornadas laborales, formación, mantenimiento y logística del hogar y si queda algo, descanso. El invento de las redes sociales, llamado a facilitar la construcción de redes de amistades entre los usuarios, se ha convertido más en un sustitutivo que en un potenciador. Paradójicamente estamos más conectados que nunca y nos sentimos más solos en medio de un mundo individualista.

hacer amigos - personas mayoresPodríamos definir la amistad como una relación interpersonal – es decir, que implica una reciprocidad – construida entre dos personas y que incluye además cercanía e intimidad (Amichai-Hamburguer, 2012). Es esencial para nuestra calidad de vida, ya que proporciona apoyo social y moral, protección frente al estrés y ayuda material. Disponer de una red de amistades es uno de los factores principales que contribuyen al bienestar de los seres humanos, y un aliado importante cuando nos enfrentamos a malos tiempos o problemas psicológicos de toda clase. Si hay tantas ventajas, ¿cómo puede ser que tantas personas se bloqueen a la hora de conocer a otros?

Fabricarse una red de amistades puede parecer una tarea titánica, puesto que necesita movilizar multitud de recursos personales, psicológicos – y por supuesto, dedicar tiempo – y significativamente, nos va a exigir enfrentarnos a situaciones sociales, campo abonado para la aparición de nuestros miedos y distorsiones favoritas. Ante todas estas dificultades es habitual que los beneficios a medio plazo de la inversión realizada se tambaleen, porque además no sabemos el resultado de antemano, aunque podamos deducirlo.

Así que una de las primeras preguntas que uno puede hacerse es de cuántas amistades estamos hablando. La mayoría afirma desear un vínculo de intimidad, disponer de lo que llamamos “mejores amigos”, y los suele cifrar en 4 o 5. Un número asombrosamente constante que coincide con las investigaciones de Robin Dunbar al respecto. Este psicólogo y biólogo evolucionista indica que el número y calidad de las redes de amistades están restringidos por factores como la capacidad cognitiva y el tiempo y capital emocional invertido. Parece existir un límite consistente de unos 150 contactos de promedio (Dunbar, 2018), un tamaño común en organizaciones humanas tan dispares como las sociedades de cazadores-recolectores, ejércitos modernos o incluso en mamíferos altamente sociales. Hay una gran variación de tamaño (entre 100 y 250), en que los extrovertidos tienen redes más amplias, pero de conexiones más débiles (Pollet, 2011).

Para forjar unas conexiones más íntimas es necesaria una mayor inversión de tiempo, estar más presente y dedicar más habilidades y capacidad cognitiva; el modelo de “círculos de amistad” (Dunbar, Roberts 2010) organiza la jerarquía de proximidad en capas concéntricas: la más íntima corresponde a la cifra de 4-5, el círculo de “simpatía” a unos 12-15 y progresivamente unos 50 y 150, que sería el tope. Pues bien, parece ser que dedicamos el 40% de nuestro tiempo social al círculo más estrecho y un 20% al de simpatía. Normalmente los jóvenes tienen redes más amplias, ya que su promiscuidad social es mayor, para decaer con la edad cuando aparece el fenómeno de la soledad en edades avanzadas.

Ahora que sabemos que no necesitamos un millón de amigos, ¿qué tengo que hacer para crear esta red? Para que una amistad empiece a rodar, se necesita tener proximidad: cercanía física y disponibilidad para aquellos que me interesan. Cuanta mayor frecuencia de contacto, más probable que se dé una amistad. Si hablamos de Internet, el tiempo social invertido es más efectivo normalmente entre gente que vive en la misma zona (Mazur, Richards, 2012) o para incrementar contacto entre parientes y amigos que están fuera de alcance. Otro aspecto importante es la similaridad: es más probable que nos hagamos amigos de quienes se parecen a nosotros. Internet ofrece mejor acceso a personas con opiniones, creencias, rasgos e intereses parecidos a los nuestros, puesto que las redes sociales tienden a segmentar por afinidad de opiniones.

hacer amigosAhora bien, las amistades son demandantes cognitivamente, puesto que implican establecer “contratos sociales” en los que la confianza es la base, y por tanto hay un componente importante de promesa de apoyo futuro y de comportamiento prosocial: en otras palabras, consiste en inhibir algunos de nuestros deseos en aras de que los demás puedan satisfacer los suyos – mantener un balance -. Las consecuencias de nuestros comportamientos a medida que la red de relaciones crece se complica; indisponerse con un amigo puede hacer peligrar la relación con amigos comunes. También nos exigen una buena capacidad de mentalización, entendida como la capacidad de leer o entender estados mentales e intenciones de otros. Hacer amigos requiere un esfuerzo cognitivo importante cuya recompensa no está tan clara, y es por esto que la respuesta a la perspectiva de tejer redes de contactos sea un “me da pereza”.

Por último, no hay que descartar la presencia de problemas con las habilidades sociales necesarias. Puede que nos falte repertorio verbal y no verbal para dominar el arte de la comunicación, o bien la famosa inhibición por ansiedad social, sobre todo cuando me veo en la tesitura de iniciar un contacto con completos desconocidos. En todos los casos de miedo al contacto aparecen creencias distorsionadas que se centran en una presunta inferioridad propia – “no voy a saber de qué hablar”, “no soy interesante” – y una adivinación del juicio ajeno, que además es invariablemente negativo – “les caeré mal”, “a saber qué piensan de mí” -.

Sin embargo, cuando la exposición a otras personas tiene lugar en un ambiente en el que aceptamos la obligatoriedad de acudir regularmente, como es el trabajo o la escuela, somos capaces de lidiar con nuestras limitaciones sociales e incluso de hacer amistades significativas. Es decir, con mayor o menor competencia social, todos tenemos la capacidad de hacer amigos. Si estamos proyectando conocer nuevas personas es importante no perder de vista por un lado que la red de amistades que necesitamos no es tan grande como podría parecer, lo cual nos puede liberar en cierta medida de la fantasía de tener que caerle bien a todo el mundo y por el otro, de que las habilidades sociales no tienen por qué suponer un impedimento, además de que se pueden trabajar en terapia junto con nuestras creencias limitantes.

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