VAMOS A CONTAR MENTIRAS
mentiras

Una de las capacidades del ser humano que fascina y horroriza a la vez, es ese poder para inventar historias. Desde pequeños pronto aprendemos no solo que podemos fabular – los niños suelen maravillarse cuando descubren que pueden fabricar grandiosos relatos falsos y mentiras disparatadas – sino que además podemos conseguir que otras personas se lo crean. Nuestra habilidad para crear ficciones compartidas es una característica diferencial de Homo sapiens que nos otorga una ventaja evolutiva (Harari, 2011), permitiéndonos inventar instituciones como las empresas, los estados o los relatos religiosos mitológicos.

Pero la mentira también se puede usar a título individual para diferentes objetivos particulares. Otra singularidad que nos diferencia de los demás animales es la capacidad de cotillear: los humanos utilizamos esta herramienta para informarnos de la fiabilidad de los demás miembros de la comunidad, estrechar lazos y facilitar la cooperación, rasgo distintivo de la especie. En este sentido, la sinceridad es esencial a la hora de fomentar la confianza frente al resto de las personas que forman el grupo en el que me muevo, y allá donde sea posible, es mucho mejor optar por ella antes que sembrar la duda y etiquetarnos como potencialmente mentiroso y por tanto poco fiable.

Sin embargo, generalmente guardamos un espacio privado para nosotros, en el que nuestra información más sensible está resguardada de miradas indiscretas. También aquello que sabemos sobre otros y que percibimos que puede ser dañino. Aquí juega un papel importante la mentira como elemento protector; evitar un daño emocional o proteger lo que tanta vergüenza nos da puede favorecer, paradójicamente, la cohesión social. En la película Interstellar hay un interesante diálogo entre el protagonista, Cooper, y una inteligencia artificial al respecto:

  • Cooper: Hey TARS, ¿cuál es tu parámetro de honestidad?
  • TARS: 90%
  • Cooper: ¿90%?
  • TARS: la honestidad absoluta no es siempre la forma más diplomática o la más segura a la hora de comunicarse con seres emocionales.

La diplomacia en ocasiones implica cierto grado de ocultación o mentira, en este caso de tipo “defensivo”. Huelga decir que es el tipo de mentira más habitual en terapia, pues en situaciones sociales sensibles tendemos a ofrecer nuestra mejor imagen y camuflar lo que pensamos que nos podría perjudicar. De hecho, es una de las preguntas que a todo psicólogo le hacen con cierta frecuencia, si somos capaces de detectar cuándo nos mienten. La respuesta a esta cuestión es muy poco original; a veces. Lo realmente significativo de detectar una mentira es preguntarse qué es lo que hay detrás de ella. Si se trata de un mecanismo de protección o bien hay un intento de manipulación consciente para obtener algún beneficio a nuestra costa.

mentiras - secreto

Con esto no se está afirmando que sea un recurso deseable o se fomente su uso, sino que ya va siendo hora de aceptar que los seres humanos convivimos con la mentira en nuestro día a día, y que cada situación necesita de una valoración pormenorizada antes de arrojar al presunto mentiroso al pozo infernal del rechazo social. En realidad, la mentira es una opción bastante arriesgada de utilizar, debido a sus características particulares y a las grandes limitaciones que presenta.

En efecto, por una parte, se trata de un mecanismo de manipulación muy fácil de usar. Desde niños aprendemos y perfeccionamos nuestras habilidades de falsear la realidad (“¡Yo no he sido!”), y la tentación está ahí, especialmente si valoramos que no pueden descubrirnos. Lo cual aplica por ejemplo a revelar aquello que sentimos, ya que somos los únicos en percibirlo internamente y tendemos a pensar erróneamente que el otro no se entera (- “Cariño, ¿qué te pasa?” – “NADA”). Esta misma inmediatez nos conduce a minusvalorar aspectos esenciales como la complejidad que supone sostener una versión falsa de los hechos a lo largo del tiempo – construir una cadena de mentiras coherente es una ardua tarea -, lo que implica alto grado de control emocional, terreno en el que destaca el trabajo de Paul Ekman (1985) sobre cómo detectar mentiras. Por otro lado, las enormes consecuencias negativas que puede suponer ser pillados en una falsedad, tanto mayores cuanto más grave sea el intento de manipulación, ya que destruyen nuestra capacidad de entender el mundo – confianza básica – y nuestra eficacia – decidimos sobre información falsa -.

Uno de los ejemplos más clásicos y dolorosos son las infidelidades, ya que por definición mantener una relación paralela oculta nos “obliga” a convertirnos en mentirosos, lo cual puede suponer un alto grado de ansiedad en muchas personas. La película “Perfectos desconocidos”, en sus múltiples versiones, trata el tema de la mentira muy interesante, pues propone una doble reflexión sobre sus consecuencias indeseadas y su utilidad como mantenedora de cierta paz social en un final – al menos en su versión francesa, “Le jeu” – bastante ambivalente.

Claude Steiner (1961, 1970) incluye las mentiras como una familia o rama de los juegos de Poder en transacciones sociales. Las mentiras se utilizan para explotar la credulidad y el miedo a la confrontación que tenemos las personas. Diferencia varios tipos:

  • La mentira descarada y la Gran Mentira, tan enorme que se nos hace difícil de creer que sea mentira. Cuanta más confianza tengamos en quien la dice y más información nos falte, más probable es que nos traguemos unos bulos impresionantes.
  • Omisión, medias verdades o secretos. Aquí entraría la versión más “defensiva” de la mentira, ocultando parte de la información que no deseamos que se conozca. El mundo de la publicidad está lleno de ejemplos de este tipo. Las mentiras piadosas destinadas a mantener cierta tranquilidad social están incluidas en este apartado.
  • Ofrecimientos que sé de antemano que no voy a cumplir. Son muy populares en las transacciones comerciales y también a la hora de empezar relaciones íntimas. Se crean expectativas falsas que después se convierten en dolorosas decepciones.
  • Murmuraciones o calumnias. Esta variedad es devastadora en manos de un manipulador hábil, y consiste en difundir una información falsa sobre alguien, técnica de desinformación muy extendida en los últimos tiempos.

Este breve repaso expone muy gráficamente el potencial dañino de usar la mentira como herramienta social y lo arriesgado de este recurso, por lo que mucho cuidado antes de decantarnos por emplear una omisión o una media verdad; hay que valorar si en cada caso un exceso de sinceridad inoportuna puede causar estragos en función de la confianza que tengamos con la persona – “Hombre, Luis, ¡¡te veo más viejo!!” -. Pero parece poco realista pensar que vivimos libres de sufrirlas o utilizarlas. Hay que tener en cuenta que, si bien hay perfiles patológicos que tienden a abusar de ellas – los trastornos de personalidad del cluster B o de tipo dramático, por ejemplo -, todo el mundo es capaz de mentir, incluso personas psicológicamente sanas. Así que hay que ir con cuidado antes de etiquetar a la gente como tóxica.

Posts Relacionados

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mismas y de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies
X
X