EL SESGO DE NEGATIVIDAD: VIVIR EN EL CASO PEOR
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Está ampliamente demostrado que el cerebro humano está preparado para funcionar con una inclinación por lo que se llama sesgo de negatividad, un mecanismo psicológico por el que damos mayor relevancia a los eventos negativos que a los positivos, sean reales o previstos. En realidad, se trata de un pequeño regalo adaptativo que nos ha hecho la evolución, pero puede resultar altamente perjudicial en tiempos en que ya no tenemos que evitar predadores naturales para sobrevivir.

sesgo de negatividad - mujerEn principio el sesgo de negatividad tiene una utilidad innegable, promoviendo cierta prudencia y desconfianza para esquivar amenazas. A la hora de valorar situaciones y analizar los riesgos, adoptar un enfoque levemente pesimista parece mostrarse muy efectivo, aunque implique dejar pasar ciertas oportunidades Las compañeras emocionales inseparables del sesgo de negatividad son el miedo y también la rabia – respuestas de huida y confrontación, respectivamente, ante el peligro –, dos potentes reforzadores corporales. En ciertas profesiones relacionadas con la ingeniería y la tecnología o que tengan que ver con la seguridad, es imprescindible aplicar esta línea de pensamiento al desarrollar ideas o productos – el famoso caso peor -.

En definitiva, el sesgo de negatividad es necesario para sobrevivir, favoreciendo la evolución a los sapiens más recelosos. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando queremos pasar de pantalla y vivir en lugar de sobrevivir? Generalmente, que debemos asumir algunos riesgos, y ahí entra en juego una tendencia opuesta como es la apertura a la experiencia o, dicho de otra manera, nuestro carácter exploratorio. Este dilema entre dos actitudes opuestas, cada una con sus ventajas e inconvenientes, se suele encontrar en terapia en diversos grados: la tensión entre seguridad e incertidumbre, entre lo conocido y lo incierto, es una constante. Tendemos a conservar, pues sabemos exactamente qué perdemos cuando tomamos una decisión, pero no tenemos ni idea de lo que podríamos ganar.

Vivir con el susto en el cuerpo

Por si esto fuera poco, vivimos en una sociedad compuesta por un buen montón de monos sin pelo desconfiados y temerosos que a la mínima oportunidad no dudan en enviar mensajes que refuerzan este sesgo de negatividad. Desde pequeños se nos educa señalando especialmente lo que está mal; al bebé – lógicamente – se le advierte todo el tiempo sobre los peligros que le rodean y sobre aquello que no debe hacer. Cuando son más mayorcitos, se les dan continuas charlas sobre las consecuencias fatales de determinados comportamientos o decisiones, y a la que el joven adulto tiene que decidir sobre sus estudios superiores, incorporarse al mundo laboral o buscarse la vida en el extranjero, no van a faltar los adultos agoreros que les recuerden la jungla que se van a encontrar ahí afuera.

sesgo de negatividad - nube negraEl aparato social de reforzamiento del sesgo de negatividad no se termina ahí; a gran escala funcionamos también en perpetuo estado de miedo por lo que pueda traer de malo el futuro. No hay más que ver las noticias, ya sean por televisión, prensa digital o su medio favorito: todas presentan un mundo atroz de desgracias, amenazas globales detrás de cada esquina, pánico, caos y destrucción. Dos semanas de telediarios intensivos y sacas la conclusión de que la vida es un continuo padecer mientras estás rodeado de peligros aterradores. El miedo es la emoción a la que se suele apelar en política, y es un elemento esencial para ejercer control social, como se sabe al menos desde el Neolítico.

Cualquiera de nosotros que haya intentando dirigir sus decisiones vitales hacia derroteros menos conservadores habrá comprobado en sus carnes la enorme cantidad de advertencias recibidas por el entorno más cercano, que oscilan entre el “¿tú estás seguro de lo que haces?” y el “estás cometiendo la equivocación de tu vida”. Es mejor no tomárselo demasiado personalmente, en realidad está interviniendo el sesgo de negatividad como forma de expresar la preocupación que nuestros seres queridos tienen por nuestra estabilidad. Pero hay que reconocer que, como mensajes motivadores, dejan bastante que desear.

El continuo bombardeo de mensajes de desánimo y de profecías fatídicas al que estamos expuestos desde nuestra más tierna infancia están destinados por tanto a modelar ese sesgo de negatividad necesario para sobrevivir, pero es fácil que se nos vaya la mano en la crianza del pequeño sapiens. Si no se cultiva la confianza, la apertura a la experiencia y un mínimo de espíritu aventurero, es posible que se interioricen demasiado fuertemente algunas creencias demasiado temerosas que limiten la vida del individuo a un mero sobrevivir.

El mundo no es tan peligroso

Estas creencias van a afectar en las decisiones que tomo, en mi visión del mundo, en mi concepto de mí mismo y en cómo me relaciono con los demás. Se convierten en una especie de piloto automático y se activan solas cuando valoro qué camino quiero seguir. Suelen ser bastante angustiosas, por lo que van acompañadas de una activación ansiosa y respuesta de huida o bloqueo: “seguro que sale todo mal”, “ten cuidado”, “no te fíes de nadie”, “no vas a ser capaz de hacerlo” y un largo etcétera. Con el agravante de que cuando tenemos activado el sistema nervioso simpático, que controla estas respuestas físicas de activación, es muy difícil pensar con claridad, ya que el cuerpo está volcado para responder una supuesta amenaza inmediata.

sesgo de negatividad - hombreSi lo que deseamos es tomar decisiones más creativas y motivadas, orientadas a progresar, desde una perspectiva de valoración realista de los riesgos – que no, no nos matarán – tampoco es necesario irse al otro extremo y empezar a creer que todo va a funcionar bien, ya sea porque el universo lo ha dispuesto así para nosotros – como muchos gurús new age van diciéndole al personal – o simplemente porque si lo crees firmemente, se cumplirá. Una fantasía peligrosa que ha hecho bastante fortuna en los últimos tiempos.

En primer lugar, para obrar un cambio de actitud hacia una perspectiva algo más positiva que nos permita relajarnos y analizar sosegadamente los riesgos reales, es necesario contrastar nuestra percepción de amenaza con la realidad inmediata – es decir, evitar entre otras cosas los pronósticos de futuros catastróficos -. Si los peligros son algo más pequeños una vez mirados de cerca, es bastante probable que la ansiedad remita y aparezcan ideas más creativas. Como puede ser complicado salirnos de nuestra propia visión, quizá sería interesante contar con la ayuda de un psicólogo profesional que nos acompañe. En segundo lugar, analizar también al menos con la misma dedicación, las ventajas que podemos obtener o los escenarios donde “las cosas salen bien” para ver qué posibilidades reales tienen. Se trata de poder quitarnos esas gafas del sesgo de negatividad para comprobar si tiene sentido o nos está jugando una mala pasada.

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