COMO SOBREVIVIR A TINDER (Y SIMILARES)
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Superado ya el prejuicio que tachaba los portales de citas online (meetic, Tinder, eDarling, etcétera) como “aparcamiento de desesperados” o refugio de gente con problemas personales, nos encontramos ante una creciente aceptación de que se trata de un medio como cualquier otro para establecer relaciones íntimas (Smith, 2014), ya sea búsqueda de pareja estable o de sexo casual en cualquier rango de edad (McWiliams, 2012).

Sin embargo, para muchas personas que recurren a una aplicación como Tinder o un portal de citas, la experiencia puede llegar a ser frustrante desde un punto de vista psicológico. No es extraño, dado que las características de la herramienta te exponen a muchos contactos y, por tanto, a muchos potenciales rechazos y decepciones. Teniendo en cuenta que el contacto con los demás – especialmente si buscamos pareja –pone en juego nuestro autoconcepto y si además compartimos intimidad precipitadamente, puede resultar una bomba de efecto devastador.

Para no perderse en portales y apps de contactos, lo primero que hay que tener claro es que el medio y tú sois diferentes. Es importante conocer ventajas y desventajas, y compararlas con el uso que les vas a dar. En el caso de Tinder, la velocidad e inmediatez casi de videojuego pueden arrastrarnos fácilmente a un uso compulsivo… ¿es esto lo que quiero o yo venía a buscar otra cosa? ¿Pasa algo si estoy dos días sin abrir la aplicación? Que me resulte útil y práctica dependerá del uso que decida darle.

Por ejemplo, la característica más destacada de este formato es la accesibilidad o, dicho de otro modo, la sobreexposición: un primer vistazo puede ponernos ante literalmente cientos de perfiles de potenciales contactos. Suena estupendamente, si obviamos el hecho de que los humanos tenemos graves problemas para manejar más de nueve bloques de información a la vez. Cuanta más oferta posible antes nos saturaremos y más difícil se nos hará decidir. Por tanto, es posible que optemos por métodos tan dudosos como el azar, el primero que pase o similares para ahorrarnos dolores de cabeza. Pan para hoy. El riesgo de visitar webs como quien va al supermercado también está ahí, y esa disponibilidad nos puede llevar a descartar una posible relación satisfactoria por cualquier mínima contrariedad en la fantasía de que la persona perfecta anda suelta en alguna otra parte.

Otra ventaja es la posibilidad de establecer comunicación previa a pasar a una cita real, con lo que no vamos a ciegas si no que construimos una cierta familiaridad con la persona que – supuestamente – conoceremos en carne y hueso, evitando la ansiedad o vergüenza de iniciar un contacto desde cero. Sin embargo, en este aspecto se suelen pasar por alto dos factores importantes sobre comunicación online:

El primero, que es totalmente controlable por el usuario (Finkel, 2012). Desde detrás del portátil puedo decidir sin la mirada del otro qué decir, por lo que la posibilidad de utilizar “movimientos tácticos” para lograr mi objetivo aumenta. De hecho, al ser asíncrona – pueden pasar unas horas entre que leo un mensaje y contesto – tengo tiempo de pensar bien mi respuesta, al contrario que en situaciones cara a cara. El máximo exponente de esta característica es el famoso perfil, ante el cual tanta gente se estrella. Frases como “todo el mundo miente en su perfil”, “no me gusta tener que poner toda mi vida en un perfil de internet”, “no sé qué poner” o “lo encuentro demasiado frío” son síntomas de desánimo típicos.

No se trata de escribir tu vida entera en el perfil, sino dar una mínima información que lleve a otros a querer saber más. Según la definición de Ellis (2011), el perfil sería más bien una promesa de lo que esa persona potencialmente puede ofrecer. Por supuesto que todos intentamos mostrar nuestra mejor cara, exactamente igual que en la vida real; esto no significa que la persona mienta, sino que destaca o embellece sus mejores rasgos. Esta distancia entre el yo real y el potencial tiene sus límites, igual que en el currículum; la mayoría de las personas está dispuesta a aceptar ciertas pequeñas discrepancias entre mi perfil y mi yo real, pero se echarán atrás ante una diferencia grande (en edad, peso, carácter, etcétera). Así que para redactar un buen perfil es importante tener un buen autoconocimiento. Y tener claro que, si yo creo una versión bonita de mí en mi perfil, los demás también lo hacen.

El segundo factor es que la comunicación online es incompleta. Nos faltan datos relevantes que se perciben fácilmente por la observación directa. Nuestro lenguaje no verbal y nuestras conductas en el mundo no virtual ofrecen muchísima información – generalmente no consciente – imposible de codificar por computadora. Estas dos cualidades unidas incrementan la aparición de impresiones positivas que, unidas a la accesibilidad – podemos estar virtualmente todo el día conectados a alguien – fomentan la intimidad.

Aquí hay que tener cuidado, porque esta intimidad, si no está acompañada de un conocimiento cara a cara, puede afectar a nuestras expectativas ante una cita real. Y los humanos somos especialistas en hacernos expectativas. También en adivinar el pensamiento del otro y analizar sus conductas en función de nuestro universo propio: hace dos horas que no me contesta, eso es que no le gusto. No sabemos lo que está ocurriendo al otro lado. Sí, es posible que tu cita potencial esté hablando con otras chicas también. Quizá esa chica tan atractiva no contesta porque tiene el chat o la bandeja de mensajes a tope y no te ha visto. ¿Quién sabe? Lo que es seguro es que su conducta tiene que ver más con ellos que contigo.

Aquí reside el problema principal a la hora de encarar una cita online; elegir el momento de lo que se conoce como “cambio de modalidad”, pasando del mundo virtual al real. Según los estudios realizados (Ramírez y cols., 2014), cuanto más tarde ocurra peor será el resultado comparado con la expectativa; lógicamente, si dedico mucho tiempo a cultivar esa intimidad aparente con un ideal y llenar los huecos de información con mis propios deseos, más grande será después la decepción al conocer al otro en persona. Por otra parte, quedar demasiado rápido implica exponerse a terreno desconocido. Para evitar grandes decepciones o “jugar a la lotería”, lo más recomendable sería no dejar pasar demasiado tiempo antes de quedar. Y si la cita ha sido positiva, dedicar una temporadita a explorar esa posible relación con el Tinder apagado.

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