BENEFICIOS PSICOLÓGICOS DE LA POESÍA
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El primer fragmento escrito del que se tiene noticia era una oda a la diosa Inana, obra de la poetisa acadia Enheduanna hará unos 4.300 años. Pero su existencia se remonta a tiempos mucho más antiguos, en los que no existía la escritura. En las tradiciones orales, los versos rimados son imprescindibles para conservar la memoria de los seres humanos. Estamos hablando quizá de decenas de miles de años de composiciones poéticas, existentes en todas las culturas, presentes y pasadas. ¿En qué se basa esta relación tan estrecha? ¿Qué es lo que hace que recordemos más fielmente un poema que una narración en prosa? ¿Cuál es el impacto psicológico de la poesía en los seres humanos?

poesíaTodos aquellos que hemos leído poemas alguna vez hemos experimentado emociones diversas al procesarlas, sean épicos, melancólicos o románticos. Desde que somos bebés y no conocemos aún nada del mundo que nos rodea, los adultos se dirigen a nosotros en lenguaje rítmico y estereotipado; música, rimas y composiciones “poéticas” para aprender conceptos básicos como los números o los colores. Si atendemos al hecho de que en la antigüedad los poetas griegos que cantaban la Ilíada o la Odisea eran capaces de reconstruir decenas de miles de versos a partir de una métrica fijada, intuitivamente podemos llegar a la conclusión de que el lenguaje poético posee alguna propiedad que lo convierte en una poderosa herramienta de aprendizaje.

Principalmente aprendemos mejor aquello que tiene algún impacto emocional, ya que ayuda a fijar mejor los contenidos. Por tanto, estarían implicados en el proceso los centros de recompensa del cerebro, lo que relacionaría la poesía con la experimentación de placer, en este caso estético. ¿Puede la poesía facilitar estas emociones? ¿Qué zonas del cerebro se activan al escuchar un poema? Los investigadores del Instituto Max Planck de Estética Empírica de Frankfurt se plantearon estas mismas preguntas – entre otras muy interesantes – en un muy reciente estudio neurocientífico.

Este consistió en medir la respuesta psicofisiológica tanto objetiva (piel de gallina o erizamiento del vello) como subjetiva (escalofríos percibidos) de los participantes mientras escuchaban el recitado de poemas, tanto seleccionados por los experimentadores como por ellos mismos. Además, se realizaron resonancias magnéticas cerebrales a los sujetos para detectar la actividad cerebral durante la escucha. Los resultados del estudio son fascinantes.

Efectivamente, durante la audición de un poema, se activan los circuitos mesolímbicos primarios de recompensa, pero al comparar con los estudios realizados para la música, se encontró que eran distintos núcleos – anteriores vs posteriores -; los relacionados con el placer poético son más parecidos a los implicados en experiencias olfativas, gustativas, con el atractivo visual o la retribución monetaria. En otras palabras, son placeres más distintos de lo que se podría pensar.

Otra característica interesante de esta activación emocional es el hecho de que se percibe esta recompensa incluso cuando hablamos de emociones negativas. Todos conocemos a alguien cercano que se lo pasa bomba con “películas de llorar a moco tendido”. Es un tema tan antiguo que ya Aristóteles se planteó esta paradoja: ¿por qué la gente disfruta viendo tragedias? Al parecer, en un contexto de placer estético, las emociones negativas presentan una gran potencia para inducir implicación, concentración y por tanto fomentar los procesos de memoria. Es decir, que consiguen motivar y enfocar la atención con la ventaja de preservar la seguridad del perceptor, que en todo momento sabe que esta emoción negativa responde a una realidad ficticia ajena a él mismo.

Instituto Max PlanckUna reflexión obvia que nos podemos preguntar es qué factores del contenido o la composición de un poema disparan estas respuestas emotivas. ¿Hay palabras o momentos concretos más destacados que otros? El experimento parece confirmar la idea de que los instantes cruciales de máxima activación emocional se encuentran cerca del final del poema, de cada estrofa o de ciertos versos, en orden de importancia descendente, y de una forma curiosa; primero aparece una respuesta anticipatoria antes de la descarga emocional. Este efecto es consistente entre los participantes, por lo que no se puede atribuir a la idiosincrasia personal de cada uno, sino al propio poema. Lo que significaría que la estructura explota la tendencia de nuestro cerebro hacia el ritmo, la periodicidad y la predicción de sucesos. O en lenguaje más germano, a sentir placer al completar una Gestalt tal como la hemos anticipado.

Respecto a la temática, quedaba por ver qué relación hay entre esta experiencia emocional y el hecho de que somos seres eminentemente sociales. ¿Se detecta algún tipo de componente social en función del contenido? La poesía se suele centrar en cuestiones de apego social cognitivo y emocional, versando sobre dilemas personales, amor romántico o amistad profunda desde el principio de los tiempos. Pues bien, la respuesta psicofisiológica era superior cuando el poema contenía pasajes que se dirigían directamente a un interlocutor (fuese el oyente, otro personaje, la madre naturaleza, etcétera).

En definitiva, parece confirmarse la potencia del lenguaje poético para evocar emociones, y estimular el aprendizaje, la atención y la memoria apelando a los centros de recompensa del cerebro humano. Dado que incluso las personas no iniciadas en la poesía presentan estas respuestas, cabría preguntarse entonces si no sería interesante fomentar la lectura de poesía en tiempos donde los circuitos del placer se activan con móviles y pantallas.

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