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2012-11-1_75cc61045225214b8836b9b54a5a68b4A lo largo de su carrera como psicoterapeuta, Eric Berne se dio cuenta de que las personas tendían a actuar como si siguieran una especie de guión programado (de forma inconsciente en su mayor parte), que les predisponía hacia un final determinado de antemano, como si se tratara del argumento de una película o una obra de teatro. Como resultado de sus observaciones en la práctica clínica, desarrolló el concepto del Guión de Vida, que es quizá una de las aportaciones más interesantes dentro de la teoría del Análisis Transaccional; además de tratarse de una herramienta muy útil para establecer hipótesis diagnósticas, nos pone en relación con el sentido que le damos a nuestras vidas (aspecto éste muy importante para el bienestar de la persona), ayudándonos a reflexionar sobre él y poder así tomar decisiones al respecto, o dejarlo todo como está, claro. Incluso se puede considerar como una aproximación a lo que podríamos llamar “destino”, y pararnos a pensar si no lo estamos determinando nosotros mismos de alguna manera.

El problema es que aun tratándose de una teoría aparentemente sencilla, no lo es, ni mucho menos. Berne fue elaborándola de forma paulatina en sus obras, rehaciendo algunos elementos, desechando otros y dejando ciertos aspectos en el aire. A este problema podemos añadirle el hecho de que diversos analistas transaccionales que recogieron el testigo utilizaron indistintamente el mismo nombre para designar elementos diferentes (como trama, guión, argumento, mandato, etc.). Si aún le damos una vuelta de tuerca más y tenemos en cuenta que en lengua hispana los conceptos se han traducido muchas veces de aquella manera, nos encontramos con otra capa más de confusión alrededor del Guión de Vida.

Y precisamente aquí es donde entra en escena el libro de Martorell a arrojar un poco de luz en este asunto. Escrito en un lenguaje ameno y comprensible, el texto nos plantea una medida aproximación por capítulos al Guión de Vida: qué es y cómo se forma un guión de vida, acompañándonos a lo largo de todo el proceso, los diferentes elementos que intervienen hasta que el niño toma su decisión y elige inconscientemente qué tipo de guión tendrá, los diferentes tipos que existen, cómo nos influye y qué consecuencias tiene esta elección primordial. Este punto es  especialmente interesante porque facilita el darnos cuenta de hasta qué punto un guión excluye toda una serie de opciones vitales en aspectos cognitivos y emocionales (como por ejemplo, no permitirse sentir alegría), y sobre todo, cuál es nuestro papel en cuanto a la capacidad de cambiarlo si no nos gusta (para lo cual, primero tendremos que averiguar cuál es, lógicamente).

Lo que hace a “El Guión de Vida” especialmente recomendable es sin duda su sencillez; el autor sintetiza maravillosamente un profundo conocimiento de los conceptos que maneja y una larga experiencia en la consulta, haciéndola accesible a cualquier tipo de lector. Nada de tecnicismos ni complejos estilos literarios; para disfrutar del libro no es necesario ningún conocimiento previo en psicología (salvo dos o tres conceptos explicados muy clara y brevemente en los primeros capítulos). Tanto para iniciados en la psicología que quieran aclarar dudas sobre este tema, como para cualquier persona interesada en profundizar en su propia trayectoria vital, este pequeño libro es una verdadera delicia llena de clarísimos y gráficos ejemplos extraídos de la vida real.

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Eric Berne y su pipa

No se trata exactamente de un texto de autoayuda, ya que aunque estoy convencido de que a muchas personas les puede resultar muy útil y revelador, estamos más bien ante una obra de divulgación: una contribución muy interesante como explicación de algunos de los elementos fundamentales del Análisis Transaccional y la psicología de corriente humanista, pero también como forma de tomar contacto con la psicoterapia y el crecimiento personal para el gran público. En este sentido, Martorell es muy didáctico en su exposición pero sin caer en ningún momento en los vicios habituales del género de la “psicopedagogía”: no resulta directivo o paternalista, ni tampoco emplea ese estilo “tele-tienda” desgraciadamente tan extendido, ni tienes la sensación de que te está vendiendo un crecepelo mágico, el último grito en la psicología científica occidental o el nirvana perpetuo recién traído de la oriental.

Por todas estas razones, en Hylé recomendamos su lectura muy encarecidamente, que además se hará muy corta, y sobre todo su “digestión” reposada; es una buena oportunidad para reflexionar sobre nuestras vidas, lo que nos gustaría cambiar de ellas y encontrar formas de reescribir nuestro guión. Si es que queremos hacerlo, claro. Incluso sería muy interesante poner en práctica algún ejercicio de los que aparecen descritos en el libro usándonos a nosotros mismos como conejillos de Indias; probablemente no nos cambie la vida, pero sí que nos sirva para comprendernos un poco mejor.

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